ARTÍCULOS HISTÓRICOS

8 de mayo de 2012

RAMÓN CABA VERA


Un héroe manzanareño desconocido

Publicado el año 2006

La historia militar española, donde abundan las gestas gloriosas, suele destacar las hazañas de generales, jefes y oficiales pero, salvo excepciones, presta escasa atención a hechos sobresalientes  protagonizados por simples soldados.
En esta ocasión trataremos de relatar las peripecias de un paisano nuestro, al que en su momento se ensalzó fugazmente, quedando luego en el más absoluto de los olvidos. Se trata de Ramón Caba Vera, nacido en Manzanares el día 16 de febrero de 1903. (1) Era el hijo menor de Ramón Caba Álvarez-Rey y de Sabina Vera Arias, ésta última natural de La Solana. El matrimonio, con sus cinco hijos, residió en la calle de la Cárcel nº 16.
Ramón no conoció a su padre, ya que falleció de un paro cardiaco a la edad de 37 años cuando él contaba apenas mes y medio de vida. Al faltar el cabeza de familia, que trabajaba como tenedor de libros en la Banca Díaz Casero, la viuda tuvo dificultades para sacar adelante a sus cinco hijos, todos ellos menores de edad. Como la madre tenía que atender al más pequeño, los hermanos mayores pasaban bastante tiempo con abuelos y tíos. Para colmo de desgracias, a los ocho años de morir el marido también falleció Sabina. La familia quedó entonces definitivamente deshecha y los hijos fueron repartidos entre los familiares que les quisieron acoger. Al pequeño Ramón lo adoptó uno de sus tíos, casado y sin descendencia, que, al parecer, se dedicaba principalmente al juego de naipes. Nada sabemos de su niñez ni de su adolescencia. Tampoco conocemos el grado de formación que alcanzó. Con una profesión tan incierta y azarosa como la de su tío, es posible que la vida del joven se desarrollara entre las euforias derivadas de la ganancia fácil de dinero y las crisis provocadas por la amargura de las pérdidas, que en algún momento pudieron llevar a la familia hasta la ruina total.
Fuera por problemas afectivos o económicos, lo cierto es que Ramón no estaba cómodo en aquella casa y cuando tuvo edad suficiente marchó al servicio militar como voluntario, incorporándose al Primer Regimiento de Telégrafos con base en El Pardo (Madrid). Gracias a su despierta inteligencia aprendió rápidamente el código Morse y el manejo de todo tipo de instrumentos para comunicaciones en campaña, como telégrafos y heliógrafos. (2) Tras el correspondiente periodo de instrucción fue destinado al Batallón de Ingenieros de Tetuán, cuya base se encontraba en nuestro protectorado africano.
Una serie de circunstancias y casualidades hicieron que, en septiembre de 1925, nuestro paisano se encontrara sirviendo como cabo telegrafista en un destacamento encargado de la defensa de una remota posición denominada Kudia Tahar, la más avanzada de cuantas integraban la línea “Estrella”, cuyo objeto era la protección de la zona Tetuan-Larache, en la parte occidental del Marruecos español.
Unos meses antes, cinco harkas de Abd el Krim se habían precipitado sobre las posiciones francesas del sur del Rif, provocando el derrumbamiento del dispositivo de defensa galo y ocasionando numerosas bajas. La conmoción que estos hechos crearon en el gobierno francés propició un acuerdo de cooperación militar entre el mariscal Pétain y el general Primo de Rivera. Los planes de acción conjunta incluían un desembarco en las playas de Ixdain y la Cebadilla, cercanas a la bahía de Alhucemas, que se fijó para el día 7 de septiembre de 1925.
El desplazamiento de soldados y material hasta la costa, así como el embarque de tropas en Algeciras, Ceuta y Melilla, no pasaron inadvertidos a los espías enemigos, quienes informaron rápidamente a sus jefes. Tratando de impedir a toda costa la operación planeada por la coalición franco-española, los  rifeños decidieron adelantarse y atacar por sorpresa la línea “Estrella”.

  
Zona occidental de la colonia española en el norte de África
Tomado de Historia 16. Nº 114.

Su táctica se basaba en romper el dispositivo de defensa y amenazar directamente ciudades tan importantes como Tetuán, Larache o Arcila, obligando al Estado Mayor a desviar urgentemente hacia la zona la mayor cantidad posible de efectivos, evitando así cualquier ofensiva en el corazón del Rif. En consecuencia, el día 2 de septiembre se iniciaron las operaciones en el sector Gorgues-Kudia Tahar- Ben Karrich. El principal ataque, a cargo de la harka de Ahmed ben Mohammed el Hosmari, conocido por “El Heriro”, (3) lo sufrió justamente la posición adelantada de Kudia Tahar; un recinto casi circular de unos cincuenta metros de diámetro, instalado sobre un pequeño altozano, limitado por unas sencillas zanjas y una alambrada que rodeaba el perímetro. En su interior se asentaban siete grandes tiendas de campaña cónicas y algunos barracones con techumbre de uralita, protegidos por un elemental parapeto de piedra y sacos terreros.
La defensa se había encomendado a una compañía del Regimiento del Infante nº 5, un destacamento artillero con tres piezas Schneider de 70 mm, y una sección de telegrafistas, donde servía nuestro paisano. En total 130 hombres, bajo el mando del capitán José Gómez Zaracibar. (4)
Inesperadamente, a las cinco horas y cincuenta minutos del día 3 de septiembre se inició un durísimo cañoneo contra la posición que resultó terriblemente castigada por   disparos de artillería realizados a corta distancia. Apenas había respondido al fuego la batería española cuando una certera andanada de proyectiles enemigos desmanteló todas las piezas, matando a la mayoría de sus servidores. Los sangrientos combates se prolongaron durante toda la jornada, rechazando los defensores tres ataques masivos de la infantería rifeño-yebalí.
El reconocimiento aéreo efectuado a media mañana reveló la enorme destrucción provocada por las granadas. El incesante cañoneo había logrado incendiar las tiendas, la enfermería y el polvorín. Los parapetos de defensa estaban parcialmente destruidos, arruinadas las paredes y techumbre de los barracones y reventados los depósitos de agua. Cerca del parapeto se acumulaban los muertos, a los que no había sido posible enterrar, mientras los heridos se protegían del ardiente sol africano bajo los restos de las chapas de amianto-cemento.
Los reiterados esfuerzos de las escasas unidades españolas de la zona por socorrer a los asediados resultaron infructuosos ante el nutrido fuego de un enemigo fuertemente atrincherado en posiciones ventajosas.
Los sucesivos ataques de la harka produjeron numerosos muertos y heridos; no obstante, la maltrecha, y cada vez más reducida guarnición, resistió todos los asaltos con extraordinario valor. Tras dos días de durísimos combates los defensores de la posición habían quedado reducidos a  48 hombres.
En la misma mañana del día 4 una fuerte columna de socorro, mandada por el teniente coronel Buenaventura Hernández Francés, intentó llegar hasta la posición de vanguardia a través del barranco de Asaaden, pero tuvo que retroceder ante el intensísimo fuego que les hacían los moros y estuvo a punto de ser aniquilada, cayendo su jefe mortalmente herido.
A media tarde del día 5, en un intento desesperado y a costa de grandes pérdidas, lograron llegar hasta la posición algunos refuerzos; una docena de artilleros, mandados por el teniente Joaquín Fuentes Pila, y una veintena de ingenieros con el teniente Ángel Sevillano Cousillas. Trabajando febrilmente durante la noche consiguieron reparar uno de los cañones. Al amanecer del día cuatro se reavivó el fuego artillero contra Kudia- Tahar. El cañón del blocao respondió durante unos minutos hasta que un proyectil enemigo destruyó definitivamente la única pieza útil, mató al bravo oficial que la dirigía y a varios de sus hombres.
El heliógrafo se convirtió en el único vínculo de unión con la retaguardia. El cabo Ramón Caba Vera consiguió comunicar esa misma tarde al mando de la zona la firme resolución del capitán Zaracibar de defender el enclave a toda costa, consciente de la importancia estratégica del mismo. (5) 

Foto aérea de la posición tomada el 4 de septiembre

Por la noche prosiguieron los impetuosos ataques de la cábila de los benihozmares, con la intención de tomar la posición al asalto mediante el lanzamiento de bombas de mano, pero fueron sistemáticamente rechazados. 
Kudia Tahar ardía, faltaba el agua, escaseaban los víveres y las municiones, pero no se rendía. El mismo día 5 murió el capitán Gómez Zaracibar mientras dirigía la defensa entre los desmoronados parapetos. Un disparo en el pecho acabó con la vida del jefe de la posición. Le sustituyó en el mando el teniente Sevillano, a pesar de que también estaba herido.
Durante los días 6 y 7 se multiplicaron los desesperados intentos de los nativos por tomar a cualquier precio el disputado blocao. Había sido ya tan castigado que su caída parecía inminente. Sin embargo, la reducida guarnición, acosada por la sed y las bombas, siguió resistiendo con extraordinario arrojo. Los cadáveres de los enemigos amontonados en las cercanas alambradas atestiguaban la extrema dureza de los combates.
A la tenaz resistencia contribuyó la arriesgada actuación de la aviación que, además de ametrallar y bombardear a los atacantes, logró aprovisionar mínimamente a los defensores, arrojando sobre ellos algunos paquetes con hielo, víveres y municiones.
En los días 8 y 9 continuó el asedio, extendiéndose la lucha a otros puntos de la línea a medida que llegaban nuevas unidades españolas a la zona. Consolidada la cabeza de playa en Alhucemas, el día 10 se pudieron enviar a Tetuán importantes refuerzos del Tercio.
Por fin, después de diez días de aislamiento, la maniobra envolvente llevada a cabo por las columnas de los coroneles Balmes, Perteguer y Fanjul consiguieron liberar la posición el 13 de septiembre. Cuando los legionarios alcanzaron las honorables ruinas, sólo encontraron veintidós supervivientes, rotos por la fatiga, la sed, el hambre y la fiebre. En las horas siguientes aun fallecerían seis de aquellos valientes a causa de las heridas recibidas. Únicamente dieciséis hombres pudieron regresar a Tetuán. Ramón Caba Vera era uno de ellos. Aunque sobrevivió a los indescriptibles sufrimientos del asedio quedó afectado por unas extrañas fiebres intermitentes que le acompañaron el resto de su vida.
 

Supervivientes de la posición tras ser liberados el 13 de septiembre. Ramón Cava es el cuarto de la fila superior empezando por la izquierda. Revista Nuevo Mundo. 1925.

La encarnizada resistencia de Kudia Tahar impidió que las fuerzas de Ahmed “El Heriro” sacaran provecho del factor sorpresa y permitió ganar un tiempo precioso para que llegasen refuerzos al sector. La caída de Kudia-Tahar en los primeros momentos  hubiera arrastrado inevitablemente a las posiciones cercanas. La penetración del enemigo en el territorio occidental, debilitado por la salida de tropas para el desembarco, podría haber sido el origen de otro desastre similar al de Annual.
El día 19, los supervivientes eran recibidos personalmente por el general Primo de Rivera en el palacio de la Residencia de Tetuán. Durante la fiesta, los soldados recibieron la paternal gratitud del Presidente del Directorio y fueron obsequiados con licores, café y puros habanos. Como recompensa les entregaron 50 pesetas en metálico y se concedió a todos ellos la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo. (6) Asimismo, como merecido premio, pudieron marchar a sus pueblos con un mes de permiso para recuperarse  junto a sus familias de las penalidades pasadas.
Enteradas las autoridades locales de Manzanares del heroico comportamiento de uno de los hijos del pueblo, la Corporación, presidida por D. Agustín Serrano González, acordó organizar un acto de homenaje y reconocimiento a su valor. Cuando Ramón llegó a Manzanares le esperaban en la estación las autoridades con la Banda Municipal, siendo recibido con gran cariño por sus paisanos. La recepción oficial tuvo lugar en la sesión extraordinaria celebrada el 19 de noviembre de 1925. Además de los miembros de la Corporación Municipal asistieron todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas de la localidad, entre ellos el Delegado Gubernativo, comandante  Francisco Agustín Serra. Concurrieron  además familiares, amigos y numeroso público. (7)
Con un vibrante discurso, el alcalde elogió la valerosa actuación de Ramón en defensa de la Patria y le animó a continuar el camino emprendido. Seguidamente se acordó gratificar al joven cabo con 150 pesetas en metálico, a fin de  que pudiera disfrutar sin estrecheces los días de permiso, y abrir a su nombre una cartilla de ahorros con 100 pesetas para que cualquier persona pudiera colaborar con nuevas aportaciones. (8) Seguidamente el Delegado Gubernativo hizo una breve reseña de los hechos protagonizados por Ramón Caba y terminó imponiéndole la Cruz al Mérito Militar que le había sido concedida por la superioridad. Tras recibir la felicitación de todos los presentes se dio por finalizado el acto.
A pesar de que había sido ascendido a sargento, Ramón Caba Vera decidió abandonar el ejército y se licenció en febrero de 1927 al cumplir los tres años de servicio activo. Al volver al pueblo se instaló provisionalmente en casa de su hermano Antonio, en una vivienda alquilada de la calle Doctor Muñoz Úbeda.
Como otros muchos soldados, Ramón tuvo su “madrina de guerra”. Era una joven de familia acomodada con la que se carteaba con frecuencia y de la que recibió algún que otro obsequio en fechas señaladas. Al terminar el servicio militar viajó hasta Sevilla, donde ella residía, con intención de visitarla, o tal vez con el propósito de iniciar una relación más estrecha. Alterado por la emoción cruzó precipitadamente las vías de la estación de Córdoba, resultando fuertemente golpeado por otro tren que circulaba en ese momento. Como consecuencia del grave accidente tuvieron que amputarle una pierna por debajo de la rodilla.
Estando convaleciente en el hospital conoció a una influyente dama de la Cruz Roja, cuyo sobrino, que era teniente, había caído en la defensa de Kudia Tahar. Interesada por el desafortunado joven lo tomó bajo su protección. Por mediación de aquella noble dama le  facilitaron una pierna ortopédica, comprada en Alemania, y un empleo en el Cuartel de Inválidos de Madrid.
Según nos indica su sobrina Isabel: Como quedó delicadillo y las comidas del cuartel no le iban, se buscó una patrona que fuera manchega, y fue a dar con una familia de Manzanares. Con el paso del tiempo se casó con la hija que era matrona. (9) En efecto, se trataba de Josefa Caba Trujillo, dos años más joven que Ramón, con quien contrajo matrimonio civil el 16 de abril de 1937 en un Madrid asediado por moros y legionarios. De aquella relación nació un hijo, Ramón Caba Caba, que vino al mundo el 1 de enero de 1938. (10)
Ramón se posicionó claramente a favor de la República. Aunque su invalidez física le impedía combatir en los frentes, puso su inteligencia y experiencia militar al servicio del gobierno legítimo, siendo destinado como Auxiliar de Profesor a la Escuela de Guerra de Paterna (Valencia), donde se formaban los oficiales del recién creado Ejército Popular. En este tiempo fue ascendido a brigada de Ingenieros.
Ramón fue uno de los vencidos. En consecuencia fue detenido y condenado a seis años y un día de prisión. Estuvo algún tiempo en Tudela (Navarra), pero pronto fue liberado gracias a los informes favorables que su mujer pudo conseguir.


Ramón Caba Vera con uniforme de brigada de Ingenieros

Cuando salió en libertad condicional la familia decidió abandonar Madrid, donde Ramón era demasiado conocido, y marchar a Salamanca. En la ciudad del Tormes, Juan, un hermano de Josefa, ocupaba un importante cargo en los talleres de RENFE. Allí comenzaron una nueva andadura. Vivieron en una modesta vivienda de la calle Chile y Josefa encontró trabajo como matrona en el hospital de la Santísima Trinidad.
Los nuevos padecimientos físicos y morales de la posguerra hicieron que la precaria salud de Ramón se fuera deteriorando rápidamente. Falleció el 25 de septiembre de 1946 cuando sólo tenía 43 años de edad.
Para terminar esta breve e incompleta biografía de nuestro heroico paisano, me remitiré a la entrañable carta de Isabel Salas. En ella afirma que a su tío Ramón le apasionaba la feria del pueblo y mientras pudo nunca faltó a la cita. Era un hombre extraordinariamente cariñoso con sus sobrinos, que estaban encantados de acompañarle por el recinto ferial disfrutando de las atracciones y de los puestos de golosinas.

NOTAS

1.- La inscripción del nacimiento aparece en el Libro de Bautismos nº 60, página 80 vuelta, del Archivo Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.
Los otros cuatro hermanos de Ramón eran: Antonio, Águeda, Isabel y Ángela.
2.-  Expediente General de las Operaciones de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército del año 1924. Archivo Municipal de Manzanares.
3.- La “harka” atacante estaba formada por unos 3.000 rifeños. Disponía de nueve cañones, varias ametralladoras y abundantes bombas de mano.
4.- Comisión Histórica de las Campañas de Marruecos. Asedio y liberación de la posición de Kudia-Tahar. Legajo 64. Carpeta 40. Rollo 130. Instituto de Historia y Cultura Militar. Madrid.
D. Juan Pando en su artículo sobre el Desembarco de Alhucemas, publicado en el número 23  de la revista Aventuras de la Historia,  cifra el número inicial de defensores en 137.
5.-  La comunicación con la retaguardia española se efectuaba mediante señales luminosas realizadas en código Morse emitidas por un heliógrafo. El aparato resultó dañado por las explosiones y nuestro paisano Ramón tuvo que repararlo utilizando los cordones de sus botas. Dicho heliógrafo estuvo expuesto durante muchos años en el Museo del Ejército de Madrid.
6.- Periódicos El Defensor de Córdoba y La Voz de Córdoba, del 19 y 20 de septiembre de 1925.
7.- Libro de Plenos nº 5. Sesión extraordinaria del 19 de noviembre de 1925. Archivo Municipal de Manzanares.
8.- Carpetas de Cuentas Municipales. Presupuesto correspondiente al ejercicio 1925/26. Libramiento 204 del capítulo de Imprevistos y documento adjunto, correspondiente a la apertura de Libreta de Ahorros en la Caja Postal a favor de tercera persona, fechado el 17 de diciembre de 1925, con un montante de 209 pesetas.
9.- Información suministrada por su sobrina Isabel Salas Caba, residente en Jaén, mediante carta manuscrita fechada el 9 de agosto de 2005.
10.- Josefa Caba Trujillo nació en Manzanares el 16 de enero de 1905 en calle San Juan, según certificado enviado por su hijo Ramón procedente del Registro Civil expedido el 6 de septiembre de 1937 a petición de la interesada.


5 comentarios:

  1. Una historia impresionante. La leí hace tiempo y hoy la releo. Por cierto he buscado infrictuosamente la foto de los supervivientes en la revista Nuevo Mundo. Es posible que haya error en su adscripción. Estoy muy interesado en kudia y llevo tiempo investigando en plan aficionado pues mi abuelo era el teniente de ingenieros que mandó la posición. Un saludo y gracias

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  2. Por cierto esa foto (la de los supervivientes) te la han plagiado en artículos y conferencias y raro es el que te cura como fuente. Un saludo

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  3. Aprovecho para darte las gracias por la signatura del documento en el Archivo Histórico Militar. Porque si no me hubiera costado mucho emcontrarlo, estaba mal asignada en el catálogo que tienen allí. El artículo de Pando (magnífico) ya lo conocía. Y la figura de caba la conocía pero no en toda su trayectoria vital. Por cierto es de los que declaran a favor de mi abuelo en la concesión de su laureada. Para elnpobre caba no hubo laureada. Un saludo y espero no haberme extendido demasiado

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  4. Que los listillos de turno te copien sin citar la fuentes, atribuyéndose méritos que no les corresponden, es algo habitual en el mundo de la literatura y del ensayo histórico. Ya lo tengo muy asumido.

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